También hay belleza en las cosas que están solas. Cada fotografía aquí es como esa única hoja en otoño: un instante efímero que detuvo mi paso. Lo que ves es el resultado de una elección, un acto tan arbitrario como maravilloso
Costa Alemana
Costa Alemana
Regresaba de Colonia a mi pueblo sintiendo el peso invisible que a veces dejan los trámites: el qué, el dónde, el cómo y, sobre todo, el miedo al idioma. Había ido a buscar la traducción de mi licencia de conducir de Venezuela; uno de esos tantos pasos burocráticos que nos recuerdan que estamos construyendo un hogar desde cero, papel por papel.
Caminando hacia la estación de tren, el cansancio se interrumpió. Vi de reojo, a mi lado izquierdo, una estructura que parecía haber sido diseñada solo para contener un pedazo de cielo. En ese instante me cuestioné: «¿Otra foto más? ¿Y qué harás con ella?».
No le hice caso a la duda. Saqué la cámara del bolso —no siempre la llevo conmigo— y disparé. Ahora me arrepiento de haber hecho solo un par de tomas.
En este «mordisco» arquitectónico encontré un marco diseñado por algún arquitecto, cuyo lienzo era el cielo y otra estructura de concreto. Abrir los ojos y dejarse sorprender fue un recordatorio de que, incluso en los días regulares, donde no hay nada anticipado que sepas que debas documentar, el espacio siempre ofrece algo.
Solo hay que saber detenerse y encontrar el marco.
Albio